Las amenazas de guerra continúan - (2009-11-26)
Miguel Posada
Documento sin título
Es obligatorio comentar sobre la tensión que existe entre Colombia y Venezuela. Conviene hacer un recuento de las motivaciones del dictador Chávez para generar dicha tensión, porque es él quien la ha generado:
En primer lugar, está la situación interna de Venezuela que ha causado una vertiginosa caída de la aceptación del locuaz presidente: escasez de alimentos, inflación desbordada, cortes de agua y energía y una creciente inseguridad. La pésima administración del país es evidente. Por esa razón el presidente encuentra útil generar una cortina de humo para buscar una unidad nacional con el pretexto de una supuesta amenaza de ataque por parte de Estados Unidos desde Colombia. Ya con frecuencia ha denunciado unos supuestos complots para asesinarlo. Ninguno es cierto y algunos bastante imaginativos. Pero le han servido para generar tensión.
Una segunda motivación es que un estado de emergencia le permitiría suplantar los gobiernos estatales desafectos. Ya militarizó esos estados y, tal como ya lo hizo con Caracas, se apropiará del gobierno local.
La presencia de aviones norteamericanos en bases colombianas son inconvenientes para Chávez por dos razones. En primer lugar porque ponen en riesgo las rutas de narcotráfico que son una fuente de ingresos para chavistas y para sus aliados de las FARC, y en segundo término, porque le impiden bombardear a la Fuerza aérea Colombiana, como primer paso en una guerra, sin correr el riesgo de una contundente respuesta de Estados Unidos si resultaren afectados sus activos o su personal.
¿Por qué no inicia el conflicto con cualquier pretexto? El problema de Chávez es que no está listo para la guerra. No le han llegado sus tanques nuevos y su ejército no tiene el tamaño ni el entrenamiento para enfrentar al colombiano. Y además, no puede contar con que pueda limitar la guerra a un frente estrecho donde su fuerza aérea y sus blindados sean el factor determinante. Si Colombia es atacada en el terreno más favorable para el agresor, tiene la opción de contra atacar en uno o varios puntos de una extensa frontera. En esas condiciones la superioridad aérea deja de ser determinante. El ideal para el dictador, sería una guerra corta y limitada, pero nada garantiza que pueda controlar su extensión y duración.
En este contexto, el principal problema del dictador es el manejo del tiempo. Desde el punto de vista militar, Chávez necesita tiempo. Pero la situación interna de Venezuela juega en contra de esperar. Además, poco a poco va a perder aliados políticos. En las elecciones de Chile, Brasil y Honduras todo indica que perderán sus aliados del Foro de Sao Paulo. Y a medida que se queda corto de fondos para comprar otros apoyos, los irá perdiendo. En Venezuela no hay entusiasmo popular para una guerra con Colombia, mientras que sus constantes insultos generan apoyo al gobierno colombiano.
La actitud del gobierno colombiano frente a los insultos de Chávez ha sido correcta. Va quedando claro al mundo quién es el agresor potencial, y cual gobierno, en cambio, ha recurrido a las instancias debidas para denunciar las amenazas.
El ideal para Chávez era que Colombia se viera amenazada también por Ecuador. Pero las cosas en ese aspecto no van bien. Los problemas energéticos de Ecuador han generado presión sobre Correa para mejorar sus relaciones con Colombia, una fuente importante de electricidad para ese país. Ecuador no acompañará a Chávez en una aventura demencial. Correa no tiene nada que ganar enfrentando a Colombia, y si mucho que perder.
La pregunta del millón es si habrá finalmente guerra. La probabilidad aumenta con cada insulto del bocón Chávez. Creado el ambiente, cualquier chispa, así sea involuntaria, puede desencadenar el conflicto. Hacemos votos para que esto no ocurra. Sería muy triste enfrentar a los soldados de un pueblo hermano, por el capricho de un personaje con trastornos de personalidad. Las muertes que producen las guerras no se pueden calcular de antemano, los daños suelen ser mayores de lo previsto y las heridas a las relaciones entre los pueblos duran décadas en sanar.