El debate agrario - (2009-10-29)

Miguel Posada

Documento sin título

En estos días se debate la política agraria del gobierno en el congreso y en la prensa. Hemos visto un amplio despliegue de demagogia, de ideología y de lo peor de la contienda política. Se ha incurrido en calumnia, injuria y desinformación deliberada. Y esto no solamente por parte del Polo y del Partido Liberal, sino de la prensa que se dice seria: El Tiempo, Semana y Cambio, para empezar.

Algunos dirán que esto no es muy importante. Que se trata de eliminar la viabilidad de un candidato a la presidencia y que eso es normal dentro de la arena política. Pero, por el contrario, la discusión es muy importante, porque está en juego un importante sector de la economía y uno de los más prometedores. En el fondo del debate está el subsidio a los agricultores, un programa que en su conjunto se llama Agro Ingreso Seguro (AIS) y los incentivos de capitalización rural (ICR), que son en efecto subsidios al sector agrícola para inversión en equipo, riego o tecnología. El primer problema con el debate es que ni la oposición, ni los periódicos tienen la menor idea de lo que es en realidad el agro. Dudo mucho que alguno de los Santos, que dominan los tres medios de mayor circulación, el senador Robledo, o la señora Cecilia López, haya manejado un tractor o empuñado un azadón. Yo si. Por eso me atrevo a opinar sobre el tema.

El sector agropecuario representa el 8.4% del PIB de Colombia. Es importante. Y en el campo vive, aunque casi siempre vive mal, el 25% de los colombianos. Para hacer una comparación, el 3% de los ciudadanos de Estados Unidos se dedica al agro. Allá viven bien, y producen enormes excedentes de alimentos para la exportación. Dichos excedentes son mucho mayores que las importaciones de productos agropecuarios de ese país. Allí hay una agricultura empresarial, con extensiones adecuadas y con una tecnología de punta. Europa está menos adelantada, pero su agricultura y ganadería son mucho más productivas que la nuestra. Lo grave para nuestros agricultores es que en los países desarrollados se subsidia el agro. No es un problema fácil eliminar esos subsidios, porque tiene profundas implicaciones políticas. Eso precisamente ha estancado a la ronda DOHA de la OMC. Con esa agricultura subsidiada debe competir el campo colombiano. ¿Esta bien entonces subsidiar el agro? En general, no es buena cosa que una parte de la economía subsidie a otra, pero tenemos que vivir en el mundo real. Si en otros países existen subsidios, ¿cómo más se pueden defender nuestros agricultores?

Lo primero que se impone para tratar el tema del agro racionalmente es quitarnos de la cabeza los paradigmas del pasado. Tenemos que abandonar la idea romántica de que cuadro ideal es el de un pequeño agricultor que vive en su parcela con su esposa, siete hijos, dos vacas, tres marranos y veinte gallinas, trabajando con un azadón o un pequeño tractor de sol a sol. ¡Ese no es un cuadro ideal! ¡Ese es un cuadro de pobreza y atraso! Pero nuestros políticos, que sólo han visto papas ya fritas en el plato, se aferran a ese cuadro. Y siguen proponiendo la reforma agraria de los años 30 o 50. Si vamos a hablar de producir granos, por ejemplo, tenemos que pensar en un empresario agrícola que controla un tractor enorme por GPS, y con un interruptor prende o apaga el riego. Un solo operador, que por supuesto tiene que ser electricista y mecánico, cultiva cientos de hectáreas. Otra persona especializada se ocupa del tema fitosanitario y de semillas. Otros manejan las finanzas, la compra de insumos, y las ventas de la cosecha. Así es la empresa agrícola eficiente y competitiva. ¿Se puede hacer eso en Colombia? Sí se puede, si se remueven los obstáculos políticos y la inseguridad física y jurídica.
Otro tema importante son los cultivos de tardío rendimiento: palma de aceite, cacao, caucho y otros. En Colombia tienen grandes perspectivas. Pero estos cultivos requieren grandes extensiones, seguridad y modernidad. Y sobre todo, se necesita capacidad para aguantar el largo período improductivo. Y eso no lo puede lograr el campesino de las 20 gallinas y el azadón.

Uno de los aspectos más interesantes para el agro colombiano es la transformación que se está produciendo en la Orinoquía. El llano era pintoresco, pero infértil. Ya se ha demostrado que las tierras pobres de la altillanura se pueden mejorar. La nueva tecnología para administrar los suelos abre una inmensa frontera agrícola y ganadera, en lo que antes era una especie de desierto por su baja productividad.

Esperemos que a raíz del ridículo debate agrícola que estamos viendo en el Congreso y en la prensa ignorante e irresponsable, no mueran las posibilidades de progreso del sector agrario. Sería el triunfo de la politiquería y de ideologías fracasadas. Pero ya se produjeron los primeros daños. La reacción del gobierno, limitando los subsidios a las PYMES, tiene más de política de la mala que de técnica económica.

 
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