El Servicio de Inteligencia y La Prensa - (2009-07-12)

Miguel Posada

Documento sin título

Describe la revista Cambio, como si se tratara de un delito, que al “expediente del DAS llegaron nuevas pruebas. Entre ellas, documentos que demuestran que los servicios de Inteligencia siguieron durante más de un año todos los movimientos financieros de las principales ONG de derechos humanos, tales como el Colectivo de Abogados José Alvear.” ¿Y acaso eso no es normal? Se trata por supuesto del Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo, la ONG que …por pura casualidad…, aparece siempre para defender guerrilleros capturados, y también por casualidad, es parte civil en buena parte de los procesos contra militares. Sus abogados prácticamente dirigen la unidad de derechos humanos a cargo de la Dra. Sandra Castro. ¿No es lógico averiguar de donde sacan sus recursos y en que los gastan? La DIAN ha hecho revisiones similares con otras ONG, entre ellas, alguna afiliada a Verdad Colombia. Al hacerlo, las autoridades están cumpliendo con su deber. Y como dice el dicho popular: El que nada debe nada teme.

¿El hecho de que el mencionado colectivo siempre defienda guerrilleros y también a sus allegados, como es el caso de los irlandeses que vinieron a instruir a las FARC, y sean parte civil contra todos los militares, no es un indicio de cercanía con las FARC que merece una investigación a fondo? Con menores indicios se mete a la cárcel a un congresista de la bancada uribista. Y si todo lo que hacen es legal, preguntamos, ¿Cuál es el problema?

Otro hecho reciente nos muestra otra faceta del mismo tema. Fernando Londoño, en su programa la Hora de la Verdad, ha denunciado como, en su afán por enredar a los mejores oficiales del Ejército, la Fiscalía le da credibilidad a toda suerte de testigos cuya veracidad cualquier persona sensata pondría en duda. Ahora la doctora Castro quiere demandar al Dr. Fernando Londoño por haber trasmitido testimonios de algunos de estos candidatos a falsos testigos que han relatado como los han presionado o sobornado para que digan mentiras. Y sus testimonios no vienen de chuzadas, ni son presentados por encapuchados anónimos. Se han dado al aire o en audiencias públicas. Cuestionar a la Fiscalía por oscuras prácticas, para la señora Castro es un delito, pero no lo es comprar testigos. Para ella tampoco es delito y ni siquiera una falta disciplinaria, violar el debido proceso de los acusados militares. No. Para ella, eso está bien.

Y volviendo a las chuzadas del DAS, hasta ahora no se sabe si existen. De la Fiscalía, que parece usualmente un colador, no se ha filtrado al público ninguna grabación. El problema empieza por el dicho de un informante anónimo de la revista Semana. ¿Veraz o mentiroso? ¿Qué lo motiva? ¿Por qué no da la cara? ¿Dónde hay una prueba, es decir, una grabación? Pero para la prensa todo el episodio, que no sabemos si en realidad existe, es gravísimo, y amerita acabar con la inteligencia. Lo curioso es que cuando el chuzado fue el Presidente Uribe, o el Doctor Fernando Londoño, a esos mismos medios no les pareció nada grave. Ni el doctor Iguarán ni la prensa se preocuparon. No investigaron nada.

También se presenta como gran escándalo que se indague que tan cercanas eran las relaciones de ciertos magistrados con reconocidos delincuentes. ¿No es lo mínimo que deben averiguar unas autoridades responsables? Sobre todo, dado el hecho comprobado de que dichas relaciones existían.
Vale la pena recordar que la guerra en Colombia contra los narcoterroristas no se libra sólo en las selvas. Las batallas más importantes se libran en los juzgados. Desconcierta que la prensa parece haber perdido el sentido crítico mínimo para analizar todo este asunto. ¿Doble moral de la prensa, o es simplemente “light” e incompetente? Da la impresión de que se deja dirigir por alguna mano interesada en favorecer la Guerra Política y Jurídica contra la democracia. Y todo esto: la Fiscalía sesgada, la prensa torcida, los testigos falsos, el escándalo de las chuzadas y la amenaza de procesos contra todos quienes se opongan al narcoterrorismo, son parte de la guerra. Es la aplicación de la máxima comunista de utilizar todos los medios de lucha. ¿Los directores de los grandes medios creen acaso que se van a salvar cuando la democracia colombiana sea reemplazada por el socialismo del Siglo XXI? Entre coctel y coctel habrá que preguntarles.

 
El material contenido en esta pagina es propiedad del Centro de Análisis Sociopolitico.