Describe la revista Cambio, como si se tratara de un delito, que al “expediente
del DAS llegaron nuevas pruebas. Entre ellas, documentos que demuestran que
los servicios de Inteligencia siguieron durante más de un año
todos los movimientos financieros de las principales ONG de derechos humanos,
tales como el Colectivo de Abogados José Alvear.” ¿Y acaso
eso no es normal? Se trata por supuesto del Colectivo de Abogados José
Alvear Restrepo, la ONG que …por pura casualidad…, aparece siempre
para defender guerrilleros capturados, y también por casualidad, es
parte civil en buena parte de los procesos contra militares. Sus abogados
prácticamente dirigen la unidad de derechos humanos a cargo de la Dra.
Sandra Castro. ¿No es lógico averiguar de donde sacan sus recursos
y en que los gastan? La DIAN ha hecho revisiones similares con otras ONG,
entre ellas, alguna afiliada a Verdad Colombia. Al hacerlo, las autoridades
están cumpliendo con su deber. Y como dice el dicho popular: El que
nada debe nada teme.
¿El hecho de que el mencionado colectivo siempre defienda guerrilleros
y también a sus allegados, como es el caso de los irlandeses que vinieron
a instruir a las FARC, y sean parte civil contra todos los militares, no es
un indicio de cercanía con las FARC que merece una investigación
a fondo? Con menores indicios se mete a la cárcel a un congresista
de la bancada uribista. Y si todo lo que hacen es legal, preguntamos, ¿Cuál
es el problema?
Otro hecho reciente nos muestra otra faceta del mismo tema. Fernando Londoño,
en su programa la Hora de la Verdad, ha denunciado como, en su afán
por enredar a los mejores oficiales del Ejército, la Fiscalía
le da credibilidad a toda suerte de testigos cuya veracidad cualquier persona
sensata pondría en duda. Ahora la doctora Castro quiere demandar al
Dr. Fernando Londoño por haber trasmitido testimonios de algunos de
estos candidatos a falsos testigos que han relatado como los han presionado
o sobornado para que digan mentiras. Y sus testimonios no vienen de chuzadas,
ni son presentados por encapuchados anónimos. Se han dado al aire o
en audiencias públicas. Cuestionar a la Fiscalía por oscuras
prácticas, para la señora Castro es un delito, pero no lo es
comprar testigos. Para ella tampoco es delito y ni siquiera una falta disciplinaria,
violar el debido proceso de los acusados militares. No. Para ella, eso está
bien.
Y volviendo a las chuzadas del DAS, hasta ahora no se sabe si existen. De
la Fiscalía, que parece usualmente un colador, no se ha filtrado al
público ninguna grabación. El problema empieza por el dicho
de un informante anónimo de la revista Semana. ¿Veraz o mentiroso?
¿Qué lo motiva? ¿Por qué no da la cara? ¿Dónde
hay una prueba, es decir, una grabación? Pero para la prensa todo el
episodio, que no sabemos si en realidad existe, es gravísimo, y amerita
acabar con la inteligencia. Lo curioso es que cuando el chuzado fue el Presidente
Uribe, o el Doctor Fernando Londoño, a esos mismos medios no les pareció
nada grave. Ni el doctor Iguarán ni la prensa se preocuparon. No investigaron
nada.
También se presenta como gran escándalo que se indague que
tan cercanas eran las relaciones de ciertos magistrados con reconocidos delincuentes.
¿No es lo mínimo que deben averiguar unas autoridades responsables?
Sobre todo, dado el hecho comprobado de que dichas relaciones existían.
Vale la pena recordar que la guerra en Colombia contra los narcoterroristas
no se libra sólo en las selvas. Las batallas más importantes
se libran en los juzgados. Desconcierta que la prensa parece haber perdido
el sentido crítico mínimo para analizar todo este asunto. ¿Doble
moral de la prensa, o es simplemente “light” e incompetente? Da
la impresión de que se deja dirigir por alguna mano interesada en favorecer
la Guerra Política y Jurídica contra la democracia. Y todo esto:
la Fiscalía sesgada, la prensa torcida, los testigos falsos, el escándalo
de las chuzadas y la amenaza de procesos contra todos quienes se opongan al
narcoterrorismo, son parte de la guerra. Es la aplicación de la máxima
comunista de utilizar todos los medios de lucha. ¿Los directores de
los grandes medios creen acaso que se van a salvar cuando la democracia colombiana
sea reemplazada por el socialismo del Siglo XXI? Entre coctel y coctel habrá
que preguntarles.