La Guerra Jurídica- ¿Cómo jugará el nuevo Procurador? - (2009-01-11)
Miguel Posada Samper
Documento sin título
Hemos comentado en muchas oportunidades como la subversión comunista libra la batalla por el poder en muchos frentes. El comunismo llama a esta diversidad de métodos y tácticas, la combinación de todas las formas de lucha. Y esa combinación la vemos en nuestro país en plena aplicación. Algunos no la ven o no la quieren ver, pero es evidente para cualquier observador.
Las FARC, que son solamente el brazo armado del comunismo, sufren derrota tras derrota a manos de las Fuerzas Militares. Muchos soldados pierden la vida o pierden piernas, brazos u ojos, en una heroica batalla contra un enemigo que no tiene limitación alguna en sus tácticas. Utiliza a la población civil como escudo, recluta niños para la guerra y se financia con secuestros, extorsión y narcotráfico. Acude al terrorismo y su arma más efectiva son las minas anti-personas, que hieren y matan soldados, pero también a civiles. Sin embargo, a pesar de todo, las FARC están perdiendo la guerra de las balas, y ya perdieron la guerra de la opinión. Pero las FARC son sólo la cara abierta de la subversión.
¿Que pasa, entretanto, con las otras formas de lucha? En esas formas de lucha el comunismo ha logrado ser intocable. Vemos los efectos de sus acciones, pero nadie se atreve a llamar las cosas por su nombre. Vemos paros, marchas indígenas y campañas de difamación. Y vemos, por supuesto la Guerra Jurídica. Pero quienes hacen la guerra en estas formas no solamente son intocables, sino que desde el mismo Estado, desde el poder judicial, se ataca a quienes defienden la democracia a costa de ingentes sacrificios: los militares. El derecho a ser investigados y juzgados por personas que entiendan las circunstancias de la guerra y del combate, ya no existe. La Justicia Penal Militar ha desaparecido. No tienen derecho a la presunción de inocencia y muchas veces no se les permite presentar las pruebas a su favor. Los derechos de cualquier ciudadano se le niegan a los soldados de Colombia. Ellos están sometidos a acusaciones con pruebas amañadas y a la utilización descarada de testimonios falsos en su contra. Desde la Fiscal se está destruyendo al Ejército.
El sesgo de la coordinadora de Derechos Humanos, Sandra Castro, por ejemplo, es evidente. Se queja, por ejemplo, de que la sola presencia del Coronel Hernán Mejía intimida a los testigos. ¡Quiere negarle el elemental derecho a confrontar a sus acusadores! Claro que es más fácil para el falsario mentir sin la presencia del acusado.
Pero aparte del drama personal de los soldados y sus familias, lo que está en juego es la libertad de los colombianos. Nada menos. Sin Ejército no seremos libres.
Y como dice el dicho: ¿Al alcalde quién lo ronda? ¿La Fiscalía
puede cometer sin control alguno cualquier abuso o tropelía? Hasta ahora sí. Se supone que existe una supervisión general del Consejo Superior de la Judicatura. Eso no funciona. Nunca ha funcionado.
El otro ente de control que debe actuar es la Procuraduría , que está presente en todos los procesos y que, entre otras funciones, debe velar por las garantías procesales. Tiene la facultad de investigar y sancionar a fiscales y jueces que las violen. Pero tampoco ha funcionado. Fiscales y procuradores se tapan con la misma cobija (a veces literalmente), por usar otro dicho popular.
De la voluntad y entereza del nuevo Procurador depende que esto cambie. Tiene entonces una dura tarea por delante el doctor Alejandro Ordoñez, el nuevo Procurador. Una de las quejas de la multitud de “mamertos” que lamentaron su nombramiento es que es una persona que toma en serio su religión. ¡Entonces, que Dios lo ilumine y le de fortaleza! No hay quién más ronde a la Fiscalía , ni quién proteja los derechos de los militares acusados. Si logra enderezar las cosas, la Patria lo tendrá que colocar entre sus héroes. Si no, si se une a la rosca de complicidades que han llevado a la corrupción vergonzosa del poder judicial, pasará a la historia como otro más de los protagonistas del hundimiento de nuestra democracia.
Enero 2009