No entro a discutir las pruebas que obran o no, contra los militares acusados de un paquete propagandístico denominado en los medios “ Falsos
positivos de los niños de Soacha”. Ni entro a discutir si todos eran tan
niños, como los que en más del 50% conforman las filas criminales de las
guerrillas; ni entro al debate de la calidad de algún supuesto testigo,
ni el valor probatorio del testimonio a la luz de la de la sana critica y
mucho menos voy a entrar a explicar qué son las milicias o las bandas que
delinquen en las comunas de las diferentes ciudades de nuestro país y
porque delinquen entre sus barriadas, de civil y con armas cortas. No,
nada de esto entro a discutir. Quiero simplemente hacer la defensa de los
derechos de los soldados de Colombia. Nada más y nada menos. Y que
salgan al debate público quienes se crean con el tirano poder a
desconocérselos a los soldados, en vulgar discriminación ideológica.
Peligrosamente se está sentando el principio de que a los sindicados
militares no se les debe garantizar el debido proceso, ni los beneficios
otorgados en los códigos, para todos los sindicados, vulnerando de paso,
la igualdad ante la ley, discriminándolos para aplicar la ley y
violándoles sus garantías judiciales reconocidas en todos los tratados
internacionales de ddhh. Esto sí atenta contra los ddhh y las garantías
judiciales, que se deben respetar a cualquier procesado, civil o militar,
guerrillero o militar, narcotraficante o militar, sin distinción.
Todo comenzó con el desconocimiento del fuero militar como derecho a que
los militares sean investigados y juzgados por sus pares, como en todos
los países del planeta. Luego se siguió, no solo con el desconocimiento
del fuero, sino que fueron entregados para que les investigaran y
juzgaran civiles a quienes nunca se les ha hecho investigación de sus
afinidades y militancias políticas, en medio de una guerra irregular
comunista ( Siglo XXI), en donde no solo es bien difícil, sino imposible,
distinguir un civil de un terroristas, que tiene como filosofía la
combinación de todas las formas de lucha, legal e ilegal y más cuando en
Colombia se cuenta con un sindicato judicial – ASONAL-, que ha sido
dirigido por militantes del partido comunista –PCC- y la unión
patriótica –UP-, quienes han sido señalados, con pruebas, de haber sido
creadores de las guerrillas, los primeros y de haber sido creados por las
guerrillas, los segundos, violándose el principio de derechos humanos,
que obliga a la independencia e imparcialidad del juez o instructor.
Para no recordar que hubo un fiscal general( 1997-2001), que había llegado al congreso con apoyos políticos y votos del partido creado por
las FARC en la Uribe, la U.P. y no se produjeron impedimentos jurídicos o
al menos éticos, para abrir investigaciones judiciales contra los
militares, enemigos naturales, institucionales y constitucionales, de sus
aliados políticos.
Pero ahí tampoco paró la cosa. Continuaron procesando a militares en
evidente vulneración de antiquísimos principios internacionales y de los
derechos humanos, que ordenan no aplicar al sindicado, leyes o delitos que
para la época de los hechos no existían. En abierta vulneración al
principio de legalidad, "Nullum crimen sine lege, nulla poena sine lege”
militares, retroactivamente, las nuevas disposiciones nacionales e
internacionales y de paso les impusieron, sin tratado firmado, la
imprescriptibilidad de los procesos y las penas. De manera que por alquimia leguleya, y frente a la prescripción y juzgamiento ya ocurridos,
convirtieron los cargos, para los militares que recuperaron el palacio de
justicia, en desaparición forzada, tipificada con posterioridad a
aquellos, mientras dejaron intactos los impunes beneficios y las
amnistías, con que premiaron a los autores del asalto narcomamerto (disculpas por el pleonasmo) al Palacio. Así construyeron el proceso del
palacio de justicia, que tiene en la cárcel a connotados oficiales del
ejército nacional, en abierta vulneración de todo lo jurídico, de todo lo
que denominan “garantías judiciales reconocidas por los pueblos
civilizados”como eufemísticamente les dicen, cuando las aplican en
beneficio de las izquierdas y sus crímenes. En seguida arremetieron
contra el derecho militar a ser recluido en sus propias unidades militares
o cárceles especiales para militares, como lo ordena la ley y se han
dedicado a poner a los militares, en manos de bandidos, en cárceles
comunes, como sanción por reclamar sus derechos.
Ahí tampoco para la cosa. Por el contrario, continuó el ataque atentando
contra el fuero constitucional que tienen los oficiales de alta
graduación, para que la investigación, que ya no les hace su justicia
penal militar, sino los civiles, sea hecha por el mismo fiscal general de
la nación, como lo ordena la carta constitucional, buscando otorgar de
hecho, esta facultad excluyente y constitucional, en manos de cualquier
fiscal distinto al fiscal general, como ordena la Carta.
Sin embargo, no paró la cosa. Ahora, como no tienen más fueros que
desconocer, ni violar a los militares, les pretenden desconocer
completamente el debido proceso y las garantías judiciales reconocidas en los tratados internacionales, se les pretende desconocer los derechos
procesales que tienen cuando al estar presos, que no condenados,
trasciende el tiempo establecido en el código de procedimiento penal para
que se les formule acusación ante el juez y que por lo tanto concede el
beneficio de extramuros para los investigados en estas condiciones. Este
derecho procesal es para todos los investigados en Colombia y ha aplicado en innumerables oportunidades, unas a favor de guerrilleros terroristas y de narcos, contra quienes los fariseos desvergonzados de ahora, nunca se
pronunciaron, pero que asombrosamente y con inaudita desfachatez, ansían
desconocer solamente para los soldados colombianos, llevándose por
delante, principios rectores de una democracia, como la igualdad ante la
ley y el respeto a las formas propias de los juicios establecidas en los
códigos llevados a leyes de la república y que son erga hommes. Ahora
pretenden que los soldados de Colombia no tengan derecho a libertades
acreditadas en los códigos, proyectan que la sola denuncia, en la mayoría
de los casos interesada y política, cuando no el simple dicho de la Parte
civil, sea plena prueba para producir inmediatamente su condena, sin
derecho a la defensa, ni a contradecir la prueba, ni a conocer la prueba
que obre en su contra, ni aportar pruebas en su favor, ni alegar términos
consagrados en los códigos. Nada de nada. Esto es más grave de lo que muchos creen. Los militares deberían poner sus barbas a remojar, todos,
sin excepción, así algunos despistados imaginen que nunca los va a
enjuiciar esta maquinaria revolucionaria mamerta. Y esto va también para
la policía, a quienes no se les debe olvidar que siguen ellos, así no lo
crean.
Burócratas de todos los tamaños y cargos, han rasgado sus vestiduras,
clamando castigo ejemplar para los soldados excarcelados. Qué cobardes y
qué felones. De estos ninguno se pronunció públicamente cuando en el Caguan, el Estado en pleno, suspendió la vigencia de los ddhh para
120.000 colombianos de los 5 municipios entregados a las FARC, durante 3
largos años. Eso de tener indefinidamente en la cárcel a los soldados
colombianos, así sean inocentes, les importa poco a ciertos personajes
nuestros que se autoproclaman defensores de los derechos y las garantías
constitucionales y los derechos humanos. De las exclamaciones de las
ong`s, que se dicen defensoras de ddhh, con clara militancia comunista,
nada que decir, porque de esos grupos políticos, todo está dicho, por
muchos reinsertados de las FARC y denuncias penales y públicas de
comunidades afrodescendientes del Atrato, que luego les asesinan sus
líderes, a quienes les desconocieron, nacional e internacionalmente, su derecho a la vida e integridad personal. Esas ong`s en donde se
encuentran individuos que promovieron la suspensión de los derechos
humanos en la llamada zona del despeje en el Caguan, son los mismos que
reclaman del gobierno la liberación de cientos de guerrilleros
terroristas, a cambio de unos pocos secuestrados, porque descaradamente guardan silencio con los cientos de secuestrados que no van en la lista de
las FARC, son los mismos que demandan una “salida negociada” de manera
que se les acepte a las guerrillas comunistas sus exigencias y su acceso al poder, a cambio de dejar de asesinar a los colombianos.
Como están las cosas, para mí queda claro, que si esto de los derechos
humanos no se aplica sin discriminación de ninguna índole y no se les
respetan a los soldados, se hace evidente que es una farsa estratégica de
la izquierda criminal, para imponer sus intereses en esta guerra política
y propagandística que lideran en perfecta combinación de todas las formas
de lucha, haciendo gala de una impresionante infiltración o participación
de muchos idiotas útiles, en la judicatura y los medios de comunicación.
Mientras esto no se aclare, o mejor no se garantice por igual para todos,
sin lavarse sus culpas y omisiones con estos humildes colombianos, a
quienes, no tan disimuladamente, odian ideológicamente, permítanme
recordarles, que la Constitución Nacional ordena respetarles a los
soldados de Colombia, los derechos fundamentales, como el debido proceso,
la presunción de inocencia, el respeto a su dignidad y el derecho al buen
nombre.