Manos en la masa - (2009-07-29)
Teodoro Petkoff-Tal Cual, Caracas
Documento sin título
Como era de esperarse, los voceros del gobierno nacional,
ante la denuncia del homólogo colombiano sobre lanzacohetes venezolanos
en manos de las FARC, salieron con el disco rayado de la "conspiración
mediática".
Pero esta vez la cosa no es tan fácil de resolver con
frases hechas. Porque el reclamo colombiano está antecedido por la empresa
sueca Saab, fabricante y vendedora de las armas de marras. Si sólo hubiera
sido el gobierno vecino quien hubiera planteado el tema, tal vez el viejo truco
de salirse de la suerte acusando a la CIA, al imperio, al DAS, a la oligarquía
colombiana, a Santander, a los asesinos de Bolívar y hasta al coronel
Aureliano Buendía, de estar montando una campaña mediática
contra los angelitos serenados que nos gobiernan, podría tener, al menos,
el efecto de inscribir la denuncia dentro del marco de las frecuentes fricciones
entre ambos gobiernos. Pero resulta que ha aparecido en escena la empresa sueca,
gente sobria si la hay, nada dada a las efusiones mediáticas tropicales,
afirmando que sí, que Saab vendió tales lanzacohetes al gobierno
nacional y que el contrato de venta implica el compromiso del comprador de garantizar
que tan letales artefactos no vayan a parar a manos de terceros, sean quienes
sean estos. ¿Qué pasó entonces?, preguntan los suecos.
De modo que a los altoparlantes de Chacumbele puede decirles
la sorna criolla que la próxima que nos cuenten sea de vaqueros. Lo dijimos
ayer y lo repetimos hoy. Comercio de fusiles y armas pequeñas de la FAN
siempre ha habido. Nunca falta gente (militares y/o civiles) que se las ha arreglado
para sustraer FAL o pistolas del parque venezolano, y comerciarlas tanto con
delincuentes comunes como con las FARC, viejas clientes de estos mercaderes
de la muerte, pero ahora estamos ante un tipo de armas que no pueden haber salido
del arsenal de la FAN sin la participación directa de altos oficiales.
¿Lo hicieron por iniciativa propia, cosa que no puede descartarse, o
actuaron obedeciendo órdenes provenientes desde instancias muy superiores?
Esta última hipótesis menos aún puede descartarse, porque
es un secreto a voces la existencia de vínculos políticos muy
especiales entre el gobierno nacional y las FARC.
De modo que el país, al igual que Suecia y Colombia,
necesita una explicación creíble sobre la manera como los lanzacohetes
fueron a parar a manos de las FARC. Chacumbele puede tener su corazoncito con
las FARC, eso es un asunto privado, pero al Presidente de Venezuela le está
vedado utilizar el cargo para comprometer a la República en actividades
subversivas en el país vecino y mucho menos para ayudar a un holding
que maneja guerrillas, ciertamente, pero también sembradíos de
coca, laboratorios para procesarla y conexiones con una vasta red de comercialización
mundial. Ante esto, sería demasiado cínico e inescrupuloso escudarse
en la "solidaridad revolucionaria".
---------------------------