Diez años atrás cuando era presidente de Ecuador Jamil Mahuad,
fue inaugurada la base militar norteamericana de Manta que tenía por
misión combatir el narcotráfico. Que se recuerde, no hubo protestas
de ningún país vecino ni expresiones de temor a que se pusiera
en peligro la soberanía o que ello significara intervencionismo. Ni
siquiera Perú, con quien Ecuador tuvo un corto litigio militar alzó
la voz o manifestó su descontento.
La base de Manta se ha desmantelado por una decisión soberana de Ecuador
cuyo presidente Correa se negó a prorrogar el contrato. Durante estos
diez años no se conocen quejas de ningún gobierno en el sentido
de que desde allí “el imperialismo norteamericano” haya
practicado el intervencionismo, amenazado o agredido a otro país de
la región. Ecuador vivió entre 1996 y 2005 una situación
de gran inestabilidad institucional en la que no se registró intervención
norteamericana.
Repasar estos hechos tiene su pertinencia ahora que Colombia está a
punto de firmar un acuerdo para que desde bases colombianas, administradas
por colombianos, tropas norteamericanas realicen tareas de interdicción
contra el narcotráfico y de combate al terrorismo en tanto delito transnacional.
El mandatario venezolano que desde hace rato funge como perro que cuida, no
su casa, sino el vecindario, ha declarado que ese es un gesto agresivo por
parte de Colombia, se declara enemigo del gobierno norteamericano a cuyo presidente
Obama por poco se le arrodilla en la pasada cumbre de presidentes americanos
para salir en una foto y con quien acaba de normalizar relaciones diplomáticas.
Ha anunciado nuevas compras de armas, duplicación de batallones de
tanques y la revisión de todas las relaciones con Colombia. Es pues
una manifiesta retaliación ante una decisión soberana y de política
interna que no tiene el alcance que Chávez le ha querido dar.
La pregunta entonces es ¿por qué lo que antes no suscitó
ninguna reacción de rechazo ahora causa tanto escozor en el vecindario?
Por supuesto vivimos una nueva situación en la subregión. Venezuela,
Ecuador, Bolivia, Nicaragua y más recientemente Salvador y Paraguay
han optado por gobiernos de izquierda y por un proyecto común que los
enlaza en el que el sentimiento anti imperialista es común. Pero, parece
que el hecho de estar a la izquierda no es razón suficiente para mantener
un duelo retórico en todas las horas y circunstancias. Los Estados
Unidos mantienen una relación cordial y profunda con países
gobernados por la izquierda como Brasil y Chile, entonces ¿por qué
Chávez se siente amenazado por el traslado de las funciones de Manta
a territorio colombiano?
No encuentro una sino varias razones para explicar su proceder agresivo y
desproporcionado. En primer lugar Chávez siente amenazado su liderazgo
regional que le ha permitido forjar una sólida unión en torno
al ALBA con los mencionados arriba y agrupar bajo su diplomacia petrolera
a pequeños países del Caribe y hasta Argentina. El liderazgo
de Chávez se ha expresado en intromisiones abiertas en procesos electorales
de otros países, envíos de dinero, amenazas militares y en la
retórica nacionalista y bolivariana para cubrir su proyecto de socialismo
del siglo 21. Para ponerlo en contraste, Lula da Silva jamás ha intentado
entrometerse en asuntos de otros países. Una segunda razón es
que Chávez, como todo líder caudillista, autoritario y mesiánico,
busca crear un enemigo externo y fabrica una amenaza porque saben que les
da réditos políticos y facilita la desactivación de los
rivales internos. Por otra parte, el estrechamiento de relaciones con Irán
y Rusia y el adelanto de una carrera armamentista injustificada, debe llevarlo
a pensar que el imperio no se quedará quieto, es la típica paranoia.
Una tercera razón es que Chávez mantiene relaciones con la guerrilla
fariana que es considerada como una organización terrorista y debe
temer alguna represalia o acción como la realizada por Colombia contra
la base de Reyes en Ecuador. La reacción de Chávez no es la
de un mandatario tranquilo, es la de un agresor que no quiere verse desautorizado
en su política expansionista ni tener límites u obstáculos.
En el plano interno, es una lástima que ciertas elites económicas
en su reacción inicial al anuncio de Chávez de revisar las relaciones,
saquen a relucir el miedo. Tampoco tiene presentación que candidatos
presidenciales guarden silencio ante una coyuntura tan delicada o justifiquen
las aprehensiones de Chávez. Bien sabemos que el asunto hay que manejarlo
con cuidado y sin caer en provocaciones, pero mostrar miedo es lo peor que
puede hacerse. Si no se actúa con dignidad ya estamos entregando una
de las fortalezas que puede tener un pueblo ante un agresor. Es apenas una
especulación, pero podría ser que Chávez cerrara las
fronteras y el comercio para asfixiarnos económicamente y provocar
una crisis que se lleve por delante el terreno construido por Uribe. En tal
caso, nuestros negociadores y la diplomacia nacional tendrán que plantear
al gobierno americano que si el precio del acuerdo de cooperación va
a ser la pérdida del mercado venezolano, debe firmarse inmediatamente
(fast track) el tratado de libre comercio.
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