La ley del embudo chavista - (2009-07-23)
Por Jaime Jaramillo Panesso
Documento sin título
El descubrimiento de los secretos de las Farc, hallados en
los computadores del jefe guerrillero, alias Raúl Reyes, quemaron el
rabo de paja de Hugo Chávez, presidente de la República Bolivariana
de Venezuela, y de Rafael Correa, Presidente del Ecuador. Pillados en cuasiflagrancia,
desde entonces vienen realizando actos y enunciado palabras hostiles contra
Colombia.
Nuestro gobierno se limitó a informar sobre sus contenidos,
luego de su decomiso a raíz de una operación militar en legítima
defensa. Interpol confirmó que los computadores no habían sido
intervenidos ni mutilados o modificados sus correos, documentos escritos e imágenes.
A raíz de la confirmación de aquellas pruebas
de delitos y redes criminales por el discurso del Mono Jojoy, comandante y miembro
del Secretariado de las Farc, los Presidentes atrás citados se han enardecido
en sus posiciones públicas contra la República de Colombia y su
gobierno. Ellos dos han negado los hechos que se les incrimina y rabiosamente
se pronuncian con un lenguaje de amenazas de medidas que afecten nuestra economía
y las personas que viven y comercian en los puestos y ciudades fronterizas.
El convenio firmado entre Colombia y los Estados Unidos para
utilizar varias bases militares con fines de control y vigilancia del narcotráfico
y el terrorismo, ha desatado una cortina de humo, que muchos colombianos no
han detectado, para ocultar con aspavientos y lujuria antimperialista de Chávez
y Correa, el asunto de su ligamento con las Farc. Es ahí donde está
el quid del problema. Los pueblos, la sociedad civil de Colombia, Ecuador y
Venezuela no aceptarían ir a una confrontación militar por razones
históricas y de larga cooperación y amistad. Pero hay etapas donde
la opinión pública tiene que asumir responsabilidades. Las bases
militares colombianas con técnicos y militares calificados de Estados
Unidos tienen valor práctico policivo: descubrir y eliminar las rutas
de los traficantes y colaborar en la lucha contra el terrorismo, ambos delitos
internacionales. Además sirven de reciprocidad para un TLC, para disuadir
a los que mueven, o dicen mover, batallones en las fronteras y para nuestra
existencia como nación. Las Fuerzas Armadas colombianas tendrán
bajo su jurisdicción y mando los predios donde se asienten los militares
estadounidenses.
El brinco, el enojo y la pataleta del coronel-presidente de
Venezuela evidencia las intenciones proclives de su expansionismo que en Honduras
tropezó. Si no tenía interés político y militar
en Colombia, ¿por qué pone el grito en el cielo de su jupiterina
amenaza? Chávez no recibió protesta alguna de nuestra parte cuando
compró cien mil fusiles AK47, seis submarinos, veinticinco aviones de
guerra, alrededor de ochenta tanques, baterías de artillería.
Cuando realizó maniobras conjuntas con la Armada Rusa en aguas del mar
Caribe. Cuando firmó convenio con Irán para el suministro de uranio
enriquecido con fines desconocidos y locales-escuela de apoyo a la yihad islámica
con fines “pedagógicos”. Todo este armamento militar e ideológico
no solo es para reprimir a sus adversarios internos.
Chávez y Correa han sido pillados con las manos en
la masa blanca del polvo maldito de las Farc. No podrán ser juzgados
mientras estén en el poder, reciban el respaldo de sus sobornados amigos
y la OEA se haga la sorda, la muda y la ciega. Con razón Tola y Maruja
dicen:”Estamos de acuerdo con las bases gringas, pues Correa tiene bases
guerrilleras, Chávez tiene bases rusas y Evo tiene base……de
coca”.
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