YA SE HIZO EL DESPEJE! - (2007-08-11)
Rocío Vélez de Piedrahita
Untitled Document
Algún día se van a valorar los esfuerzos del presidente Pastrana
para lograr una negociación con la guerrilla. Les despejó un territorio
del tamaño de Suiza; dejó una veintena de policías para asegurar la
tranquilidad del lugar, las Farc exigieron el retiro de esa mini
presencia del Estado y el Presidente la retiró; varias veces fue a
dialogar con Tirofijo, que no siempre se presentó a la cita. En el
Caguán se instalaron tipo pachá, durante varios años, a cambio de nada.
-ni siquiera la entrega de un niño de cuatro años, cuya madre vimos por
la televisión, llorosa, suplicando que se lo devolvieran-. El presidente
Pastrana faltando pocos meses para terminar su período le hizo, al que
fuera su sucesor, el gran servicio de recuperar el Caguán.
Que el despeje se utilizó como pretexto para adueñarse de un lugar
y desde allí organizar asaltos, mantener secuestrados, almacenar dinero,
ya quedó demostrado. Ahora las Farc exigen los municipios de Pradera y
Florida libres de toda autoridad, dizque para poder empezar a conversar;
ningún otro lugar ni oferta les sirven, porque esos municipios están
sobre un corredor hacia el Pacífico que tienen estudiado y dominado y,
según se dice, allí están enterradas muchas caletas millonarias; y
porque han dicho que por motivo ninguno negociarán con el actual
gobierno, y no van a cambiar de opinión porque les despejen una zona.
Repetir la traumática experiencia de entregarle un territorio a la
guerrilla es imitar a Rin Rin Renacuajo que salió una mañana muy tieso y
muy majo, a visitar a doña Ratona; se hicieron la venia, se dieron la
mano, y cuando estaban en esa brillante función aquello se volvió el
juicio final, "perdió el sombrero, rasgó la camisa, se coló en la boca
de un pato tragón y este se lo embucha de un solo estirón". Es difícil
comprender que haya personas que todavía creen que un despeje podría ser
el inicio de una conversación que permitiera diseñar un diálogo, que
condujera a unas propuestas, que desembocaran en un acuerdo, que
permitiera empezar? y ¡dele al conversatorio!
Otro punto que se ha ido desdibujando es el hecho de que Ingrid
Betancourt -persona que admiro y no merece lo que le está sucediendo-,
no fue secuestrada ni por Pastrana, ni por Uribe. El presidente Pastrana
no la dejó subir a la avioneta oficial, ni a un helicóptero del Estado,
ni le facilitó absolutamente nada para que se metiera a esa guarida. El
militar que estaba en lo que pudiéramos llamar la frontera del Caguán,
le dijo que si entraba era bajo su¡ propia responsabilidad y ella,
voluntariamente, aceptó. La señora madre de Íngrid en su inmenso y
comprensible dolor, ya olvidó todo esto y hace aparecer ante el mundo
como si el secuestrador fuera el gobierno. Por desgarrador que sea para
ella, las Farc no van a liberar a Íngrid, ni sin ni con Pradera y
Florida -Valle-, porque es pieza fundamental para sus planes.
Me volví, no negativa pero sí escéptica, respecto a los diálogos
actuales, después de haber asistido a un encuentro en la Casa de Paz
-antes se llamaba 'La Teresita'-, con los dirigentes del ELN. Éramos una
docena de columnistas compenetrados con la idea de que cualquier frase
que pudiera incomodar a los guerrilleros, ponía en peligro la buena
marcha de las conversaciones. Por lo tanto permanecíamos musitantes
-algunos ni musitaron- tratando de no molestar ni con el pétalo de una
rosa. Ellos sí hablaban con soltura; explicaban su desvelo por la paz,
su decisión de luchar por ella. A las pocas y prudentes preguntas que
les hicieron respecto a secuestros, suspensión de ataques a la población
y minas quiebra patas etc., respondieron que todo ello se acabaría en
cuanto el Gobierno hiciera realidad la justicia social. Entendí que
cuando todo -¡todo!- estuviera perfectamente bien, ellos colaborarían en
la construcción de la paz. Enfatizando que la terminación del conflicto
estaba en manos del Gobierno; por parte de ellos, no había ningún problema.
Periódicamente en la vida se ve uno abocado a situaciones en que se
siente manipulado o burlado. Ese día me sentí eso y mucho más; un tanto
ridícula, dando tiro, títere, majadera útil.
Admiro cada día más la inmarcesible, inconcebible, inverosímil
paciencia del doctor Luis Carlos Restrepo.